El movimiento evangélico de Córdoba crece y la política es la «nueva misión»

Acaso fue la Pandemia, acaso el accionar natural del trabajo que hacen años. Acaso una combinación de ambas cosas, amalgama natural de una causa y un efecto que surgen naturalmente. Lo cierto es que en los últimos meses la iglesia evangélica de Córdoba se expandió de manera abrupta.

Fue fundamental la presencia en redes sociales y la acción coordinada con las autoridades sanitarias de la provincia.

Al respecto, sobre el presente. Sobre el cómo transitar la pandemia. Acerca de la incursión en política, el periodista Matías Calderón, de “La Voz”, dialogó con el pastor Carlos Belart, que destacó que “a nosotros no nos gusta el show ni las cámaras; somos hombres de Cristo y a eso nos dedicamos en este tiempo tan aciago”.

A la charla se le suman otros miembros del Consejo Pastoral Evangélico de Córdoba: los pastores Norberto Ruffa, de la iglesia Congregación Cristiana; Humberto Jiménez, de la iglesia Manantial de Vida; Gustavo Olivero, de la iglesia Obra de Consolación; Rubén Salcedo, de la iglesia Evangélica Cristo Rey y Gustavo Romera, de la Iglesia Evangélica

Todos coinciden en que la irrupción del Coronavirus marcó a fuego aquellos conceptos que el pueblo evangélico levantan como banderas: “Se bajaron las persianas. Nosotros reaccionamos porque la gente se quedaba sola. Le explicamos al COE que no somos esenciales, sino que somos vitales”, rememoró el referente de Manantial de Vida.

“Es la actitud de la iglesia evangélica: vamos a dar, no vamos a pedir. Nos explicaron que se estaba acabando la sangre del Banco de Sangre de la Provincia. Así que organizamos campañas de donación y teníamos filas de donantes”, destacó Jiménez.

Al respecto Belart relata como las iglesias se convirtieron en vacunatorios: “¡La cantidad de gente que venía! Basta, que no venga más gente, pedíamos. Fue tan bonito sentirse parte: acá estamos Córdoba, no te hagas daño Córdoba”.

Actitud que, a veces, es mirada con recelo: “El ministro de Salud, Diego Cardozo, no entendía por qué nosotros le preguntábamos qué hacía falta. Se habrá preguntado qué buscaríamos. Pero lo cierto es que los evangélicos siempre fuimos los primeros en llegar en las crisis de Córdoba. No sólo fue en la pandemia. Siempre ha sido así”, recuerda Romera.

“Se trata de ir a dar, no de ir a pedir. Te miran raro, porque creen que vas a buscar ventaja”, sentencia Ruffa.

“La gente llegaba a las iglesias con el pesar de la muerte, porque no se menosprecia a la muerte. Pero tenemos paz por una esperanza posterior. Nuestra fe genera un milagro en el ser humano, una paz que no se puede explicar” describe y agrega “cuando se acercaban a los templos los enfermos, se encontraban con cadenas de oración. Esa fue la principal respuesta que estas comunidades dieron ante el coronavirus.”.

Belart cierra el relato: “Oramos por gente que estaba muerta, en el templo, y que se levantó. Pero también nos pasó que, con mi mujer, oré por ella que enfermó y murió”.

Las redes de contención comenzaron en los templos. Pero se extendieron rápidamente en distintos territorios, como los barrios periféricos al centro de la ciudad. También se propusieron abordar las adicciones y la tarea de consejería pastoral, orientada a intervenir en los conflictos familiares y los “penares del alma” durante la pandemia.

Alquileres. Bolsones de comida. Medicamento para pastores o asistencias a operaciones (50 mil pesos para una intervención). Montos de 80 mil pesos para cubrir gastos de alquileres de templos. Apenas un reconto de la ayuda brindada por los pastores, que no contaban con la economía suficiente para afrontar la situación.

 “Todo se hizo con fondos propios, porque no recibimos dinero del Estado. Vimos la generosidad de la gente. En este tiempo de pandemia, en el que pareciera que todo fue reducirnos, hemos visto congregaciones que se expandieron y vivenciaron la reingeniería de la iglesia, a través de las redes de Zoom o de transferencias bancarias”, destacó Jiménez.

La charla continúa y ahora el tópico es la “política”. Hincha y socio vitalicio del Instituto Atlético Central Córdoba, Belart, no escapa su reflexión cómo percibe la entrada a ésta de los evangélicos.

“Cada pastor arma equipos y grupos de personas. Primero el trabajo se hizo a nivel de liderazgo. Vos sabes que se te escucha, que realmente están preocupados por lo que vos vivís. En la medida en que se fue bajando todo esto, se fue llegando a los distintos lugares de las personas. Es un trato personal y eso es la iglesia evangélica” argumenta.

“Las autoridades provinciales y municipales, durante la pandemia, nos convocaron frente a las problemáticas para que oremos. Para que les demos una palabra de paz. Para que hablemos de valores y para que les ayudemos”, aseguró el pastor Norberto Ruffa.

Sobre por qué el cristiano puede ser un candidato atractivo, el pastor Gustavo Romera ensayó una conclusión: “No es que somos personas sin errores, tenemos muchos errores. Pero la integridad va a imponerse. La gente está buscando algo auténtico en lo político. La iglesia se da cuenta que es una formadora de líderes, que va creando liderazgos con errores pero con integridad”.

Además, contabilizaron, trabajan con mucha gente. “Nosotros somos, la gran mayoría, practicantes. Hacemos el trabajo espiritual, pero hacemos el trabajo social y practicamos los principios”, evaluó el pastor Jiménez.

En cuanto a lo ideológico, remarcan que sus valores siempre fueron inamovibles. “Nos preocupa el lobby LGTB. Si a un hombre le gusta un hombre, es su problema, que lo haga en su intimidad. Pero con el más de los LGTB viene la eutanasia y la pedofilia. A la eutanasia ya la tienen, ya la presentaron y la están cocinando a fuego lento. Pero saben lo que va a pasar, que Dios los va a bajar”, advirtió Carlos Belart.

“Necesitamos gente que represente nuestros valores y pueda hacer que un país se sane y que podamos estar entre los 10 países más importantes del mundo”, sentencia Jiménez.