Por Federico Addisi

Es de público conocimiento que la media sanción otorgada a la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en Diputados, trajo serias “heridas” en la bancada oficialista. Situación que se repite en las conversaciones previas que se llevan adelante en el Senado. Allí hay tres posturas: una mayoritaria que está por el rechazo del proyecto; otra que introduciría modificaciones con lo cual volvería a la Cámara de origen, y los que están a favor de la ley.

Pero este clima de divergencias se expresa, a tono con las épocas que nos tocan, en las redes sociales, en especial en el grupo de W App que nuclea a los diputados del Gobierno. Allí se pasan factura diariamente. Eduardo Amadeo expresó “que no todos estaban contentos con el resultado pero que fue una fantástica experiencia democrática”, mientras que Cornelia Schmidt se quejó “de los modos y las formas” en que se llegó al resultado de la votación. Apoyando esta posición se sumó Lucila Liermann que profundizó la queja agregando que las maneras también hacen a la confianza.

En este marco el jefe del interbloque Mario Negri tuvo que hacer gala de toda su cintura política para mantener la unidad del espacio.

Pero como si todo esto fuera poco, Marcos Peña expresó que de aprobarse la ley el Presidente Mauricio Macri no la vetaría; mientras que en el otro extremo, nada menos que la Gobernadora Maria Eugenia Vidal en el Tedeum realizado ayer en La Plata se mostró con militantes “pro vida” y con el pañuelo celeste que los identifica.

Ante semejante división en la coalición de gobierno, desde NCN, volvemos a destacar que el tratamiento de la presente ley, no obedece en absoluto a un plan de Durán Barba para dividir y distraer a la sociedad, ni nada que se le parezca, sino que como lo señalara el Padre Pepe en las audiencias en diputados, todo esto responde a las exigencias de los organismos multilaterales de crédito; FMI y Banco Mundial. Y como denunciamos en una columna de opinión en este portal, también es requisito del G-20.

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