La maldición de Evita. Por Ariel Magirena

A 70 años del funeral más dolido de la historia argentina un remedo de aquella histórica marcha de antorchas, que despidió en 1952 a la abanderada de los humildes, corona la recordación de su muerte en el contexto creado por un gobierno que contradice en los hechos toda la acción y prédica de Eva Perón. La CGT, que había sido su guardiana en vida y en la eternidad, desconecta hoy a Evita de la realidad para no exponer la insalvable contradicción de su conducción que le regala –inexplicablemente- el privilegio al gobierno de los Fernández de ser el único -después de los de Perón- que parece encaminarse al final sin un paro general por el perjuicio de sus políticas sobre la mayoría del pueblo, la ciudadanía y la soberanía argentinos.

No hay novedad en el abuso simbólico contra la mujer más importante de nuestra historia que se estrenó con su muerte física. Infamias urdidas para separarla de su mentor y amor de su vida inventando -para la ficción literaria y el cine- disidencias refutadas por los testigos de la época fueron difundidas por sectarios de toda laya como intento de debilitar la influencia del más grande movimiento de masas de occidente.

La protectora de los indefensos, de las embarazadas y madres solteras, de los niños y los ancianos, la que reconoció y dio valor al rol de la mujer para la Patria y la familia, la que creó un partido de masas exclusivamente femenino –que consiguió el parlamento con mayor representación femenina de la historia- la que consiguió con movilización y concientización de las mujeres el derecho al voto, la que fustigó sin piedad al feminismo hegemónico de su época, la que hizo bandera el amor y la familia, la que ejerció su condición de mujer con orgullo simbolizando la reivindicación total de la mujer argentina aquí y en el extranjero… ha sido violentada en representaciones publicitarias que la exhiben embanderada en reivindicaciones de secta, ofendiendo su orientación sexual y reducida a su pasión en oposición con su acción que consiguió derechos que aún no han podido ser arrebatados.

SI EVITA VIVIERA

Quién, del gobierno de los Fernández, podría explicarle hoy a Evita que aquella identidad popular que desde el Estado explicitó con hechos que “en la Argentina de Perón los únicos privilegiados son los niños” consiguió que hoy 3 de cada 4 pibes del conurbano más rico del país estén mal o subalimentados? Cómo le diría que los jubilados llevan casi 7 años con sus prestaciones por debajo de la inflación? Como le explicaría que la agenda de mayorías fue reemplazada por una de minorías y que su sentencia de que “en cada necesidad nace un derecho” pasó a ser una guerra entre desdichados y empobrecidos por ganar el favor arbitrario del gobierno que decide cuándo y a quién le toca qué?

Como le explicaría a Evita la CGT que más de la mitad de los trabajadores están desempleados o sin registrar y que el salario de más de la mitad de la otra mitad no alcanza la canasta básica, que además no contempla el derecho a la vivienda digna ni incluye en su cálculo el costo de un alquiler? Quien se atrevería a decirle que volvieron las ollas populares, que hay abuso de los administradores de la pobreza, que ya no hay Ministerio de Bienestar social reemplazado por uno de “desarrollo” que compra con sobreprecios y se desentiende de las necesidades del pueblo administrando un sistema de prebendas que tiene prisioneros a los beneficiarios de la limosna que ella calificaba como ofensa? Como le dirían que por primera vez en la historia un gobierno ungido con voto peronista, superando la mitad de su mandato, empeoró la situación nacional, política y social que heredó?

No hay homenaje a Evita si se la cancela obviando su obra y su legado. El pueblo, que “todo lo huele” (decía Perón) es testigo del engaño que significa mencionar a Evita mientras la deshonran en los hechos. Evita será, como siempre, celebrada en los hogares y protegida en nuestros corazones en la familia de cada trabajador (con o sin empleo) que padecemos los resultados de un gobierno de falsa bandera.

Casi 5 millones de votos le negó el peronismo en las parlamentarias del ’21 a los Fernández que, como la “Alianza” en 2001, sigue sin hacerse cargo de que la crisis –fundamentalmente social- es resultado de sus políticas y decisiones. Sin dirigentes que lo representen -o al menos lo interpele- no ha encontrado todavía otro modo de expresar su  frustración, su decepción y su furia. El reemplazo de la Evita real por una de diseño – de la Evita viva por una de enciclopedia- es el intento de los expertos del marketing y la manipulación de masas para evitar -o al menos posponer- el vaticinio de Evita que los amenaza como una maldición: “yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria».