OPINIÓN – ¿Por qué la defensa nacional está fuera de la agenda?, por Alberto Asseff*

Existe una regla política no escrita, pero seguida a rajatabla: se habla sólo de lo que está en la agenda. Empero, ¿quién elabora dicha agenda? ¿De dónde surge? Supuestamente proviene de sondeos de opinión que establecen los niveles de interés y/o de inquietud de la ciudadanía. Si la gente está preocupada por la inseguridad, pues los dirigentes atienden esa cuestión. Claro que ocuparse sólo hablando no provee soluciones. Lo sabemos y lo padecemos. Es la política retórica y vacua. Lejana de los resultados y de las soluciones.
Bernard Shaw, tan perspicaz, decía que había dos mendacidades en la vida, una la mentira propiamente dicha y la otra las estadísticas. Incluyo dentro de ellas a los muestreos, sondeos y encuestas. Las estadísticas siempre e ineludiblemente tienen doble lectura y dependen del método y otras modalidades que se emplean para su concreción. Además, un asunto puede estar ‘fuera de la ansiedad de la gente’ simplemente porque el encuestador lo excluyó de antemano del listado de preguntas o puntos. Si nadie interroga sobre defensa nacional, pero los temas planteados son ‘inseguridad’, ‘empleo’, ‘inflación’, ‘corrupción’, etcétera, difícilmente el encuestado se salga del encasillamiento previo.
No tengo dudas de que una gran mayoría de argentinos tiene conceptos claros sobre que la defensa nacional es una cuestión primordial, vinculada estrechamente al horizonte de más trabajo genuino para los habitantes del país y por ende también vinculado a la gravísima problemática de la inseguridad. Si opera el gran ordenador social que es el trabajo, empezarán a sobrar policías porque el equilibrio socio-económico fortalece la convivencia y la vigencia de la ley.
Lo primero que necesita la defensa nacional es revalorizarla como una de las principales misiones del Estado. En segundo lugar, se debe establecer conceptualmente que un territorio de casi 11 millones de km2 – incluyendo los 6,5 millones de la llanura marítima – no se cuida solo, sino que exige una muy profesional y mejor organizada preservación, apuntando a disuadir y neutralizar amenazas o agresiones. Ya se sabe que si quieres evitar la guerra – o el saqueo – debes asegurar la paz.
La defensa requiere incorporar tecnología y velocidad de respuesta. En materia aérea, una fuerza de prevención-intervención rápida- detección e intercepción-, que incluye el aerotransporte del ejército. Éste debe ser cada vez menos ‘territorial’ para devenir en un cuerpo de despliegue repentino allí donde se lo necesite. El mar debe tener su patrullaje con apoyo satelital. Un portaaviones, buques patrulleros, rompehielos y navíos polares no pueden faltar. Nuestros avances con ARSAT deben tributar a que la ‘pampa mojada’ sea el presente y futuro de gran parte del trabajo de los argentinos, así con otrora lo fue la pampa húmeda y las otras, la árida y la seca. El espacio aéreo requiere un monitoreo sobre todo en las áreas fronterizas.
La defensa necesita fuerzas especiales, volver a tener reservas, coactuar con Desarrollo Social, Educación, Salud, Lucha Contra Adicciones y otros órganos estatales para organizar el servicio social obligatorio con entrenamiento para la defensa civil y militar que rescatará al millón y medio de ‘ni-ni’ – ni trabaja ni estudia -, ese volcán que ensombrece nuestro porvenir inmediato. Y contribuirá a que los jóvenes, de aquí en más, puedan encauzar sus energías positivamente.
Francia nos brinda el modelo del Instituto de Altos Estudios de Defensa Nacional, abierto a civiles y militares. La flamante Universidad de la Defensa debe remodelarse con ese diseño.
La Escuela de Defensa Nacional tiene que transformarse en un ámbito para el Pensamiento Estratégico – el famoso, por lo esquivo para nosotros, ’largo plazo’. Una usina para preparar servidores de la Argentina del futuro. Mil o dos mil argentinos entrenados para hacer simulaciones del mundo y del país a 50 años vistos. Proveedores de ideas a gobernantes.
Las intervenciones políticas de los militares – los golpes – hicieron estragos y su secuela es que la defensa nacional está fuera de la agenda. Por descrédito y por prejuicio. A 33 años del retorno de la democracia es hora de mutar.
Si aspiramos a un país socialmente justo y económicamente próspero no podemos prescindir de una potente defensa nacional. El realismo moral – es decir, partir de la realidad dotados de principios y valores – nos veda ser ingenuos. Es candoroso suponer que tanta riqueza humana y material como la nuestra se puede custodiar sin un moderno sistema de defensa nacional.

*Diputado del Mercosur y presidente de UNIR

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