Sumar, sanar, salar. Por Luciano Bongarra

Desde hace más de un año que estamos, como sociedad, adaptándonos a las nuevas circunstancias en la que nos vemos inmersos día a día por el contexto de pandemia.

Cada mañana una noticia que cambia el escenario. Según como se mire, es una profundización de la crisis o en su defecto una nueva oportunidad de crecer.
No obstante, y evitando caer en el discurso light de vaso medio lleno o medio vacío, creemos desde lo más profundo de nuestra convicciones cristianas que en cada circunstancia debemos manifestar nuestra posición
Sin pontificar, ni tampoco asumir un rol al que nadie nos lo dio para juzgar y condenar o absolver.
Cuando comenzó la pandemia sostuvimos la importancia de cuidarnos entre todos, con medidas plenas de sentido común y amor al prójimo.
Nos informamos, estudiamos, aprendimos para no sumarnos al desconcierto en un aluvión de desinformación

Nos negamos rotundamente a generar paranoia y miedo, pero si apelamos a generar conciencia.

Cuando  empezaron a abrirse ciertas actividades lo celebramos, apelando a la coherencia y llamando a la prudencia de nuestras acciones colectivas.
Al surgir las primeras noticias acerca de las primeras vacunas evitamos participar de debates estériles cuando no había todavía suficiente información.
Y ahora que comenzó la campaña de vacunación por COVID19, como lo hicimos siempre, hacemos un llamado a la conducta ética, humilde y a la generosidad para ayudar a salir de esta crisis sanitaria que afecta a todo el mundo. Se necesita conducta para evitar el escándalo, corrección para aportar soluciones y también despojarnos de las posturas radicalizadas para que nuestras acciones sumen, multipliquen y no resten ni dividan.

No nos ponemos de ningún lado de esta grieta estéril queremos crear puentes que aporten a la unidad y a lograr soluciones frente a los problemas que todos nos afectan. No vamos a ser cómplices de las malas acciones, pero tampoco detractores por el solo hecho de que tal vez no estemos de acuerdo. Apoyados en nuestros valores, no juzgamos, no condenamos ni absolvemos, analizamos, nos manifestamos y participamos en todo lo que ayude al bien común.

Se hacen cientos de llamados a la reconciliación y lograr hacer una nación unida , pero la enfermedad necesita ser primero sanada y luego si podremos levantarnos
Lo que más daño causa es el no saber reconocer que estamos mal, y justificar todo lo que hacemos
Lo espiritual, ausente desde hace siglos en nuestros lideres debería ser considerado seriamente.
El vacío que tiene nuestra nación tiene la forma de Dios y no entenderlo hará que sigamos en el desierto.

Por último debemos ser sal en donde estemos.

Se buscan líderes íntegros y deseosos de servir.

La sal tiene como objetivo resaltar las virtudes de la comida.

Y la invitación es que cada uno de nosotros seamos sal en donde estamos.

Sumamos, sanamos y salamos

Este es nuestro desafío

 

Luciano Bongarra
Pastor evangélico, Líder y Fundador de Parlamento & Fe