Adiós al “primero” en varios cambios de la Iglesia Católica (video)

El 5 de enero, en la previa al festejo cristiano de los Reyes Magos, el cuerpo del Papa emérito Benedicto XVI fue depositado dentro de la cripta en la que -antes de ser santificado- estuvo Juan Pablo II.

Además fue enterrado con un «rogito», un pergamino escrito en latín que describe los momentos más destacados de su vida. Así el Vaticano dejó expresamente dicho que el difunto: «luchó con firmeza contra los delitos cometidos por representantes del clero contra menores o personas vulnerables, llamando continuamente a la Iglesia a la conversión, a la oración, a la penitencia y purificación».

Su muerte, como en un espejo del comienzo de su vida, no solo sucedió también un sábado (esta vez en tiempos de Navidad), sino que logró hacer que fuera la primera vez en la historia moderna que un Papa presida el funeral de su predecesor, en este caso, Francisco, quien dijo en la despedida ante unas 100 mil personas que participaron del funeral en San Pedro: “Es el Pueblo fiel de Dios que, reunido, acompaña y confía la vida de quien fuera su pastor” y agregó citando un texto de San Gregorio Magno: “la conciencia del Pastor que no puede llevar solo lo que, en realidad, nunca podría soportar solo y, por eso, es capaz de abandonarse a la oración y al cuidado del pueblo que le fue confiado”. Asimismo, para destacar las virtudes del ex Papa, enunció: “Como las mujeres del Evangelio en el sepulcro, estamos aquí con el perfume de la gratitud y el ungüento de la esperanza para demostrarle, una vez más, ese amor que no se pierde; queremos hacerlo con la misma unción, sabiduría, delicadeza y entrega que él supo esparcir a lo largo de los años”.

Benedicto XVI fue el Papa número 265 y el primero en llevar a cabo revolucionarias transformaciones en la Iglesia Católica Apostólica Romana. Tenía 95 años al momento de morir el reciente sábado 31 de diciembre en el monasterio Mater Ecclesiae del Vaticano. Su vida comenzó en Marktl am Inn, diócesis de Passau (Alemania) el 16 de abril de 1927 y fue bautizado ese mismo día, que era Sábado Santo, bajo el nombre de Joseph Aloisius Ratzinger.

Para su familia ese nacimiento fue considerado “un privilegio en el cual residían una singular esperanza y una predestinación, que debían revelarse con el transcurrir del tiempo”, según expresó el propio prelado en una entrevista. Y sobre el día de su nacimiento desplegó lo que quizás marcaría su paso por este mundo que, en su papado, se vio envuelto de algunos de los más terribles escándalos vividos en la historia de la Iglesia de Roma. “El Sábado Santo refleja la situación de nuestro siglo, y también la de mi vida. De un lado, hay oscuridad, cuestionamiento, peligros, amenaza, y del otro la certeza de que hay luz, de que vale la pena vivir y seguir. El Sábado Santo es un día en que Cristo está misteriosamente oculto y a la vez presente, y eso se ha vuelto un programa de vida para mí” dijo quien fuera además de un ferviente devoto de Cristo, uno de los mayores teólogos de la historia.

Cada paso que dio mientras fue Papa significó una turbulencia que sacudió -no solo las estructuras del Vaticano- sino las del mundo cristiano en su deiversidad  y de las otras grandes religiones que habitan el planeta. Fue el primer pontífice en retirarse desde la Edad Media; el 28 de febrero de 2013 sorprendió al mundo con su renuncia, algo que no sucedía desde el siglo XIII cuando lo realizó Celestino V en 1294. El registro papal muestra que sólo la muerte de un pontífice abría el proceso de la sucesión.

Tal decisión inédita, pero además consciente de lo que hacía, abrió las puertas a una renovación tal que se manifestó en que por primera vez en la historia de la Iglesia, emergiera como Papa un sacerdote no europeo: el argentino Jorge Bergoglio. En este marco había trabajado para hacer cambios en las reglas de la elección papal. Fue así que en el 2007 convirtió en absoluto el requisito de mayoría calificada de dos tercios de los cardenales electores, derogando así el paso a mayoría absoluta (la mitad más uno) a partir del trigésimo tercer escrutinio. De esta manera, sólo pueden ser “papables” los candidatos de muy amplio consenso evitando artilugios devenidos de intereses ajenos a la Doctrina de la Fe.

Otra expresión de su carácter transformador fue que también en el 2007 aprobó la mayor beatificación que ha tenido lugar en la historia de la Iglesia: 498 personas, entre ellos 47 hermanos maristas. En este sentido, el 1° de mayo de 2011, beatificó a su antecesor, Juan Pablo II que más adelante sería canonizado por Fancisco, siendo así el primer pontífice desde la Edad Media en beatificar a su antecesor.

En cuanto a la relación con otras religiones, en un viaje a su país natal como Sumo Pontífice en 2005, fue el primer Papa en visitar una sinagoga en ese país. Tres años después, modificó la liturgia de Semana Santa eliminando la mención a los judíos. Además visitó el campo de exterminio nazi de Auschwitz.

Asimismo, renovó el diálogo con las iglesias protestantes y en un viaje a Turquía, se atrevió a visitar la mezquita Sultán Ahmed. En este cambio de paradigmas, renunció al título de “Patriarca de Occidente”, que representaba un obstáculo para el diálogo con las iglesias cristianas ortodoxas. Fue así como se reunió con el metropolitano Kirill, máximo referente de la Iglesia oriental, iniciando un camino de diálogo interreligioso que continúa el Santo Padre actual.

Fue además, el primer pontífice en referirse a América Latina como “el continente de la esperanza”, gracias a la fuerza evangelizadora y la pasión cristiana que la diferencia del continente europeo más absorto en los dominios de la razón y, por ende, de las ideas intelectuales más afines a creencias basadas en “la muerte de Dios” a pesar de haber sido según sus propias palabras “la reunión de tres colinas: el Gólgota, la Acrópolis y el Capitolio” refiriendose a que «la cultura de Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma, el encuentro entre la fe en el Dios de Israel, la razón filosófica de los griegos y el pensamiento jurídico de Roma. Este triple encuentro configura la íntima identidad de Europa.”

Haciéndose eco de su predecesor Juan Pablo II, de quién fue uno de sus principales colaboradores, instó a los países del G-8 a cancelar la deuda externa de los países más pobres. En este orden de cosas que fueron como un vendaval para ciertos sectores de poder escondidos tras el manto santificado de la Iglesia, Benedicto XVI, tomó una decisión drástica con el padre Marcial Maciel, que había sido compañero del Papa polaco y tenía en su haber varias denuncias de abuso sexual así como de familias paralelas en una clara muestra de vida promiscua y criminal. Desde su autoridad eclesiástica, lo redujo al estado laical, pero además  tuvo la valentía de reconocer la existencia de 4.000 casos de abusos sexuales a menores por parte de clérigos durante los 10 años previos a su llegada al papado.

El barrendero de Dios

Durante su pontificado fue quien tomó las primeras medidas de transparencia en los delitos de abusos sexuales a menores por parte de miembros de la Iglesia en varios países. Fue así que Benedicto se reunió con víctimas de abusos y tras ello ordenó “tolerancia cero” para estos crímenes dentro de la Iglesia. Sin embargo tuvo que enfrentar las calumnias que lo habían instalado como un defensor de clérigos pedófilos y romper las normas internas del Vaticano que impedían enfrentar el tema con eficacia y claridad. El resultado de ese coraje abrió las puertas a la generación de nuevos preceptos en torno a la solución de estos desmanes morales, que son los que se aplican hoy cuando aparecen denuncias de nuevos casos. Fue por estas medidas de “limpieza” que se lo llamaron: “El barrendero de Dios”.

Pero esta decisión más la que lo instó a poner en orden las finanzas del Estado católico instalado en Roma, tuvo que enfrentar el Vatileaks, un escándalo de enorme repercusión difamatoria tras la divulgación de su correspondencia privada en 2010.

El colaborador de la verdad

Otro dato que lo hace un “vanguardista” dentro del catolicismo, es que tras su nombramiento como arzobispo de Munich y Freising en 1977, el 28 de mayo del mismo año recibió la consagración episcopal. Se convirtió así, después de 80 años, en el primer sacerdote diocesano que asumió el gobierno pastoral de la gran arquidiócesis bávara. Para ello había escogido el lema: “Colaborador de la verdad”. Al respecto compartió el argumento en que se basaba esa frase: “Por un lado, me parecía que esa era la relación entre mi tarea previa como profesor y mi nueva misión. A pesar de los diferentes modos, lo que estaba en juego y seguía estándolo era seguir la verdad, estar a su servicio. Y, por otro, escogí ese lema porque en el mundo de hoy el tema de la verdad se omite casi totalmente, pues parece algo demasiado grande para el hombre y, sin embargo, todo se desmorona si falta la verdad”.

«El ateísmo y el secularismo deshumanizante son las plagas de nuestro tiempo» se animó a expresar avivando así la furia de los sectores progresistas inspirados en ideas de formación política de izquierda liberales, como de sus opuestos, los religiosos más conservadores de la propia iglesia. Fue en este sentido, desde la serenidad, un luchador infatigable contra la marea de ideas iluministas que inspiraban al nuevo hombre a confundir la libertad, ya sea en una vida sin Dios o en el apego a ídolos mundanos que proveen satisfacciones rápidas, superficiales y efímeras, haciendo del cuerpo humano un fin en sí mismo que condena al ser humano a un mundo oscuro lleno de carencias, donde destacan la enfermedad mental y del cuerpo que abren caminos a tragedias colectivas: “El hombre separado de Dios se reduce a una sola dimensión, la dimensión horizontal, y precisamente este reduccionismo es una de las causas fundamentales de los totalitarismos que en el siglo pasado han tenido consecuencias trágicas, así como de la crisis de valores que vemos en la realidad actual. Ofuscando la referencia a Dios, se ha oscurecido también el horizonte ético, para dejar espacio al relativismo y a una concepción ambigua de la libertad que, en lugar de ser liberadora, acaba vinculando al hombre a ídolos. Las tentaciones que Jesús afrontó en el desierto antes de su misión pública representan bien a esos “ídolos” que seducen al hombre cuando no va más allá de sí mismo. Si Dios pierde la centralidad, el hombre pierde su sitio justo, ya no encuentra su ubicación en la creación, en las relaciones con los demás” supo decir.

Mucha acción en poco tiempo

En su período de papado, Benedicto XVI visitó 24 países en cuatro continentes. Publicó tres encíclicas. La primera en 2006, “Deus Caritast Est”, que comienza con “Dios es amor, quien está en el amor habita en Dios y Dios habita en él”. La segunda fue nombrada «Salvados en la esperanza»: «No es un continuo sucederse de días del calendario sino el momento gratísimo de sumergirse en el océano del amor infinito» expresaba. Y la tercera se llamó: «Caridad en la verdad» que basada en las cuestiones económicas del mundo señalaba: «la fuerza más poderosa al servicio del desarrollo es el humanismo cristiano».

S.Batallanez