El mes de julio nos encontrará con 100 días de cuarentena, todos sus efectos colaterales, tres meses de frío por delante, y los casos de COVID-19 probablemente en aumento. Y volveremos a hacernos las mismas preguntas, con mucho que lamentar.

El coronavirus hoy contagia menos gracias a la cuarentena precoz establecida en marzo contra la opinión de muchos expertos. Se entendió que esto no es una gripe y que no habían otras prioridades. La cuarentena se impuso y evitó la catástrofe que vemos en otros países de la región. Cada paciente contagia naturalmente (R0) a 3 personas dentro de los 7 días de infección establecida (tiempo de latencia). Con la cuarentena precoz el contagio bajó a 1,4 aunque con focos más elevados. Si naturalmente un paciente infectado contagiaba a 3, hoy lo hace a menos de dos. Sin embargo, la enfermedad se propaga igual y los casos aumentan a diario; luego no basta.

Sabíamos que la cuarentena no era una solución y se ganaba tiempo para aumentar las camas. Pero debe sumarse una estrategia complementaria de detección exhaustiva, más testeos, rastreo de contactos, y aislamiento de casos para cortar la cadena de contagios y doblar la curva. Hoy los casos no detectados son más que en marzo y menos que en julio.

¿Cuántos pacientes no identificados hay?

La tasa de mortalidad de la enfermedad documentada (CFR -Case Fatality Rate-) en nuestro país es de 2,7% (el triple de lo esperable). En consecuencia, o bien fallamos en la atención de pacientes, o hay más infectados que los documentados. Según los estudios internacionales deberíamos calcular que hay tantos casos como para que las muertes actuales representen 1% del total. Luego en la Argentina los casos reales triplican (o más) a los casos reportados. Resultado, hay demasiados casos no detectados aún y que propagan la enfermedad. Si la tasa de contagios se mantiene en 1,4 y detectamos al 30%, para julio habrán 50.000 enfermos reportados y 100.000 ocultos. Varios trabajos científicos respaldan este razonamiento que coincide con las proyecciones del IHME para la Argentina. O se cambia la estrategia de testeos o en julio estaremos peor.

Además la cuarentena real no coincide con la cuarentena ideal. Crecen los casos allí donde la cuarentena no se cumple con rigurosidad, y desde estos focos el virus se propaga al resto, mayoritariamente por cercanía. Todo empeora cuando se flexibiliza la circulación. A su vez la diseminación ocurre en gran medida por eventos súper-propagadores donde un único paciente contagia a decenas de personas, como en geriátricos, la fiesta del camionero en Mendoza, el verdulero y el frigorífico en Capitán Sarmiento, los hospitales del AMBA, o el Baby-shower de Necochea. El fenómeno es de chispa a incendio. Si va a utilizarse el aislamiento para combatir al virus, es insoportable admitirlo, pero en ese caso la cuarentena real es insuficiente.

Entramos temprano y bien a la cuarentena pero tarde y lento al testeo. Hay que buscar exhaustivamente a pacientes infectados y sus contactos, aislarlos y cortar la cadena de contagio. Pero venimos lento con los testeos. Los casos aumentan día a día, luego no encontramos a todos los pacientes, quienes siguen contagiando. Cada 100 hisopados hay 15 a 20 positivos (tasa de positividad) o más, lo que demuestra una aplicación demasiado estricta del test. Sobre esto, la ciencia no tiene dudas. Para dar con 15 personas COVID-19 positivas usando 100 hizopos, tienen que haber muchos casos en la comunidad. Tiene que costar más encontrarlos, para estar seguros que se ha sido exhaustivo. El indicador actual de calidad es de 3 a 10 positivos cada 100 hizopados (cuanto menos mejor). Para lograr estos niveles de positividad debemos testear masivamente, a gente con menos síntomas, ya personas asintomáticas en áreas de circulación viral como barrios populares, geriátricos, y centros de salud. Debemos usar la metodología de los censos de población para buscar mínimos síntomas de forma sectorizada por cuadrantes, y liberar progresivamente las áreas estudiadas y sin riesgos de re-contagio. Es como desmantelar un campo minado.

Debemos hacer más testeos para poder complementar la estrategia de la cuarentena, poder acortarla, y poder salir pronto de esta situación. Es poco efectivo “flexibilizar” la circulación según tipo de actividad, segmentar por edades, evaluar tal o cual barrio aisladamente, o cerrar zonas con “brotes”, si no se atacan de forma sistemática los casos ocultos. Es un progreso haber circunscripto la cuarentena a un 40% de la población del país, pero hay que abreviarla cuanto antes mediante testeos masivos. En Julio corremos el riesgo de seguir discutiendo lo mismo pero en un contexto de ruina donde los únicos que habrán avanzado serán el virus y la pobreza. Entonces la salida de la cuarentena será en estampida y habiendo dilapidado sus beneficios; para entonces tendremos muchos enfermos.

Carlos Regazzoni es doctor en Medicina y ex-titular del PAMI