Por Senadora nacional Silvina García Larraburu

En estos días en que se está debatiendo el presupuesto nacional junto a las determinaciones proyectadas para las áreas de Ciencia y Técnica y de las Universidades Nacionales, hemos recordado varias veces el mito de Sísifo o el juego de la oca. Tanto el personaje de la mitología griega, como el juego, condenan a repetir todo desde un comienzo. Sísifo debe empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, para que esta ruede hacia abajo, y deba volver a empezar y así sucesivamente. El juego es parecido, nos puede llevar al comienzo y a empezar de nuevo.

Desde hace años, en la Ciencia y la Tecnología y también en las Universidades, pasamos de la consideración de políticas de estado específicas, del aliento, la promoción y la inversión, a la destrucción de lo obtenido. Y así volveremos a empezar, mientras durante algunos años estamos afuera del mundo.

Esta visión no es desmentida por el mensaje oficial que muestra como positivo que el “gasto” presupuestario en CyT aumentará un 28% en 2019. Lo que no se dice es que la inflación de este año será del 45%. Los recursos para el sector en realidad caerán un 17%. Sigue el ajuste.

En definitiva, Argentina abandona su proyecto científico-tecnológico. Un programa estratégico que en 2016 llevó a la prestigiosa revista Nature a dedicarle un artículo titulado “El Boom de la Ciencia Argentina”.
Por otro lado el presupuesto universitario para 2019 permite observar que la asignación para gastos de funcionamiento (no salariales) para las universidades nacionales, es muy inferior a lo solicitado por el Consejo Interuniversitario Nacional. No se prevé una recomposición que permita recuperar el impacto de las altas tasas de inflación de 2017 (25%) y 2018 (42%) (que se expresa en aumento de combustibles, viáticos, tarifas de servicios público y alquileres, entre otros gastos), la actualización de las becas a estudiantes de bajos ingresos, el financiamiento de proyectos de investigación y extensión, y el financiamiento del mayor costo del equipamiento científico y educativo cuyos precios se actualizan al ritmo de la devaluación de la moneda nacional (más del 100% en lo que va del año), así como tampoco la inflación proyectada por el gobierno que se supone será del 23%, si bien todas las proyecciones de expertos económicos la sitúan en más del 30%.
La propuesta del Poder Ejecutivo Nacional no prevé fondos para el financiamiento de obras de infraestructura física universitaria, las que únicamente pueden realizarse con financiamiento estatal, por lo que no se realizarían inversiones en ese sentido estableciendo una clara decisión política, la Universidad no crece ni tendrá nuevos edificios. Tampoco está claro cuál será el aumento del monto de las becas para los estudiantes provenientes de hogares de bajos ingresos (PROGRESAR, PNBU, etc.) por lo que el CIN (Consejo Interuniversitario Nacional) reclama el estado de alerta y un plan de acción para lograr un presupuesto acorde a las necesidades del sistema universitario en general que no impidan el normal funcionamiento de las instituciones universitarias.
Para evitar estas situaciones tienen estado parlamentario dos proyectos que he presentado, no sólo fijando una constante mayor asignación presupuestaria para estas dos áreas centrales para el desarrollo del país, sino también estableciendo la prohibición del ajuste en el área. De las crisis no se sale suprimiendo, cerrando, ahogando, sino creciendo. La ciencia, la tecnología y el conocimiento son motores insoslayables. Si se los apaga, se enciende un estado de frustración permanente. La piedra de Sísifo, y el retroceso del jugador.

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