El pasado fín de semana, en las redes, se hizo viral un video del intendente de Jose C. Paz, Mario Ishii, mientras mantenía un fuerte cruce en la calle con un grupo de empleados públicos que trabajan en el sector de la salud y pedían por mejores condiciones laborales. Ante este reclamo, el intendente del PJ cerró la discusión admitiendo que los tiene que «cubrir cuando están vendiendo falopa en las ambulancias».

«Yo quiero laburar con los que quieren laburar y tengan ganas de laburar. Los que no quieren laburar, muchachos, tienen libertad de acción. Cuando se cagan de hambre, vienen a pedir laburo y yo se los doy. Si se mandan una cagada, venden falopa, yo los tengo que cubrir, no los rajé todavía, cuando me están vendiendo falopa con las ambulancias», se lo escucha decir en el video.

Acaso una de las frases más fuertes. Contundente. De esas que impactan  al punto de disputarle “mano a mano”, y casi treinta años después, el podio de “Sincericidios políticos”, con la que soltó el dirigente sindical gastronómico, Luis Barrionuevo, en la mesa de Mirtha Legrand allá por los ’90: «Hay que dejar de robar por dos años». Son esas “verdades encubiertas” que parecen descubrir el velo de una realidad tácita, esas que todos dicen “conocer” pero ningún actor directo “aceptar”.

Entonces aquí quedan dos opciones: O quedarse con la foto o analizar la película en su totalidad. Si optamos por la opción uno el destino de las acciones parece acotarse a pedir la renuncia (para no caer en la “ejecución en Plaza de Mayo” de los extremistas de siempre) del Intendente.

Pero si optamos por la segunda opción, la tarea es compleja y amerita algo  más que la mera sanción.  Implica entrar en el “barro”, ensuciarse las manos en el lodo y erradicar la “podredumbre” desde el fondo, desde los cimientos y la raíz.  Implica el “mea culpa” ciudadano, el dejar en la mesa de luz la hipocresía y chocar de frente con esa realidad que azota, que existe, que convive con nosotros y que, a diario, preferimos muchas veces ignorar y vivir como si no existiera.

Porque el primer concepto que afrontamos es despojar el hecho de toda bandera política. Porque Ishii no es un hombre nuevo en las esferas del poder, incluso fue uno de los pocos que peronistas que gobernó durante el Macrismo: «Soy el único barón del conurbano que la gente eligió una vez más» sentenció en 2015. En el mejor de los casos, entonces, la línea de conducta se pierde en la línea temporal, atraviesa gestiones partidarias.  El entramado en el conurbado con los “punteros” políticos es tan viejo como la política misma. Es una daga que hiere de manera trasversal desde siempre.

Los “Barones” del Conurbano

Desde la vuelta a la democracia, los intendentes fueron ganando poder, y pasaron de meros administradores de las tasas comunales a factores clave para entender la realidad del país. Pese a las derrotas —algunas insólitas—los barones existen, aunque su alcance parece más limitado. Si algo demostró María Eugenia Vidal (En 2015) fue que se puede ganar una elección sin sus apoyos. Lo cierto es que tampoco demostró intenciones de desbaratar aquel entramado que hace complejo al conurbano.

Si bien el gobierno radical de Alejandro Armendáriz intentó una política de acercamiento, recién con la vuelta del justicialismo a la gobernación provincial se empezó a forjar el poder de los intendentes del conurbano. Ya en 1989, el entonces gobernador Antonio Cafiero preparó un informe sobre la realidad de los distritos del primer cordón, donde se hablaba de tres problemas fundamentales: la alta concentración de población, los índices en aumento de necesidades básicas insatisfechas y el virtual colapso de servicios. Todo esto, afirmaba el trabajo, daba como resultado una “creciente confrontación social”.

Ya en la gobernación de Eduardo Duhalde, se comenzó a darle forma al que sería el primer gran instrumento de poder que tuvieron los intendentes: el denominado Fondo de Reparación Histórica del Conurbano Bonaerense (FRHCB). Aprobado por una ley nacional en 1992, fue un instrumento fundamental para sostener muchas de las gestiones que se volvieron emblemáticas en la región, a partir de cuantiosos recursos que eran manejados de manera discrecional por los jefes comunales y el gobierno bonaerense. Así, en sus primeros pasos se transfirieron 44 millones pesos para obras en 1992, 300 millones en 1993, 406 millones en 1994 y 508 millones en 1995.

Con este paso, crecieron gestiones históricas, y se fueron conformando los liderazgos que darías paso a los famosos barones. La relación horizontal con el gobernador —y sus fondos—hizo que muchas situaciones se definieran de manera casi informal entre las partes.

Los “Punteros”

Otro de los actores que no son nuevos y conforman el “Círculo Vicioso” del Gran Buenos Aires. Se trata de aquellos partidarios barriales que hacen de intermediarios entre sus jefes –políticos que buscan el apoyo de los electores– y la gente pobre. Cumplen funciones múltiples en las barriadas y así maximizan ese apoyo. Son la mano de obra que en los barrios pobres los intendentes y candidatos a intendente utilizan para ganar elecciones y gobernar. El poder del puntero depende en igual medida del acceso que tenga a políticos capaces de garantizarle recursos como de sus vínculos personales con los votantes.

¿Es uno de los tantos inventos Peronista? A juzgar por la historia no. Podemos remontarnos al Partido Autonomista Nacional (PAN) era una liga de gobernadores y caudillos que se apoyaba territorialmente en sus punteros. La Unión Cívica Radical (UCR) tuvo los propios y aún los tiene en determinadas zonas del país. En las villas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), el PRO no deja de tener sus referentes barriales, sobre todo a través de los delegados y las cooperativas.

Independientemente de las banderas, los punteros o referentes barriales son un modo de estar presente y hacer política en las zonas pobres del país. Podemos sentenciar que el punterismo y las intendencias son así como el “hambre” y las “ganas de comer”. Quién se beneficia de quien es complejo de desentrañar.

La Realidad.

Ver la película completa, como se detallaba líneas arribas, implica entonces hacer tangible esta realidad que parece ser “mitología”. Es hacerse cargo de que los intendentes no llegan por arte de magia a sus puestos.  Y acaso tampoco la existencia de otros actores que conforman la “red” política del conurbano.  La pregunta es ¿Qué hacer al respecto? ¿Asombrarse por los dichos de Ishii? ¿Escandalizarse por “la foto” aunque esta sea despreciable, desagradable y repudiable? O es hora entonces de poner cada uno desde el rol que le toca (Política, Periodismo, Ciudadano) la cuota parte necesaria para ir erradicando estos menesteres de nuestra sociedad de una vez para y para todas.

Desde la Municipalidad de José C. Paz, explicaron a este medio, que el intendente no hablaba de “Drogas duras” cuando utilizó la frase “falopa” sino de “medicamentos que se roban de las ambulancias, tales como clonazepam y otros fármacos que luego son revendidos”. Poco importa a estas alturas el concepto en sí.  Lo que no hay que dejar pasar por alto es la construcción de esa realidad que azota a diario los barrios más vulnerables. La convivencia que parece indispensable entre el “puntero” y la “política”.  La doble vara del discurso político que esconden “bajo la alfombra” las menudees de un accionar que muchas (por no decir todas) les sirve.

En conclusión el mirar la “foto” entonces implicará agitar el brazo en alto con el dedo acusador hacia el cielo. Golpear la mesa de café y ensayar un enojo breve. Gritarles algunas que otras groserías al noticioso.  Observar toda la película, por el contrario, necesitará de una mirada desde lo individual a lo colectivo. Desde el ser al conjunto de la sociedad. Ameritará un proceso intelectual y de acción que no bastará con la rabia momentánea y conllevará un trabajo que, indefectiblemente, se prolongará en el tiempo.  Tardará meses, años, generaciones el resultado final, que sin dudas tendrá un efecto eterno. Será cuestión de preguntarnos que es lo que queremos y cuál es el sacrificio que estamos dispuesto a hacer, para luego si comenzar a discutir lo que implica realmente el video viral de Ishii.

 

 

Para #CincoDias por Juan José Postararo