Dada la pandemia causada por el coronavirus, la Facultad de Derecho de la Universidad Austral llamó a expertos para analizar los desafíos para la Organización Mundial de la Salud, la Unión Europea y el Mercosur como parte de los desafíos planteados por las organizaciones de clase magistral.

Durante la reunión, la ex canciller Susana Malcorra dijo que los Estados miembros que conforman estas organizaciones internacionales «tienen un hito: luchar por un modelo que fortalezca y reformule efectivamente la cooperación, o un modelo con mayor aislacionismo».

El Departamento de Derecho Internacional y Derecho Comunitario de la Facultad de Derecho de la Universidad Austral convocó a cuatro expertos para analizar los desafío de las organizaciones internacionales frente al Covid-19. El encuentro contó con la participación de Susana Malcorra, ex canciller y decana de la IE School of Global and Public Affair; Ricardo Alonso García, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid; Thana de Campos, profesora de Derecho, Ética, y Políticas Públicas Globales en la Pontificia Universidad Católica de Chile, y Alejandro Perotti, profesor de Derecho de la Integración de la Universidad Austral. El panel fue moderado por los profesores de Derecho Internacional de la UA Juan Ignacio Stampalija e Ignacio de Casas.

 

La charla comenzó con el análisis de Susana Malcorra, quien -como Jefa de Gabinete del Secretario General- lideró en 2014 la respuesta de Naciones Unidas y la Organización Mundial para la Salud (OMS) respecto a la crisis del ébola. Malcorra explicó que aunque la situación inicial en aquella oportunidad fue similar a la que se está viviendo ahora con el Covid-19, aquel fue un momento internacional escencialmente distinto: “La disponibilidad para cooperar y asociarse existía, y había interés genuino en encontrar soluciones compartidas». A su vez, identificó como la principal diferencia entre ambas crisis, que en aquella ocasión “hubo una doble resolución: una de la Asamblea General indicando al Secretario General que avanzara y que se le darían los recursos, y pocas horas después una resolución ‘espejo’ del Consejo de Seguridad que definió que esto era un desafío a la paz y la seguridad por lo que el Consejo se definía como parte interesada”, en una suerte de sana competencia; mientras observó que “ahora el Consejo de Seguridad ha sido incapaz de tener una resolución que se refiera al Covid-19, porque EEUU y China están peleando sobre cómo denominar [al virus]. Esto muestra que la realidad es totalmente distinta, para peor, y los desafíos que tenemos delante, en su gran mayoría trasnfronterizos, solo se pueden enfrentar si hacemos algo coordinado.Y no veo que haya ninguna intención”.

Para finalizar, la excanciller agregó que si bien “es cierto que hay muchas críticas a la OMS, esta no es ‘la policía de la Salud’ y no tiene autoridad sobre los Estados Miembros. Son estos últimos los que tienen que estar dispuestos a hacer estos cambios”.

Thana de Campos coincidió en esta mirada y observó que, si bien no tiene autoridad ni es ‘la policía de la salud’, “muchas personas ven a la OMS como líder en este tema. Las críticas que recibe están asociadas a los cambios de opinión en relación a la política pública del Covid-19 y eso trajo una erosión de la confianza pública”. En este marco destacó que la crisis actual tiene tres características fundamentales: es una crisis epimediológica, epistemológica -porque no se consigue establecer cuál esla verdad-, y de liderazgo -por el referido cuestionamiento a la OMS-.

Sobre este último punto, de Campos explicó que hace tiempo existen iniciativas para modificar esta organización internacional y que la pandemia intensificará este debate: “La mayoría de los expertos en salud global proponen que para hacerla más eficiente debería ser más grande, tener más poder, más capital, más misiones, más presencia”, indicó. Sin embargo, la profesora brasileña propone otra mirada: “si la OMS tiene la intención de ser mejor líder, tiene que tener ganas de tener menos poder y menos control sobre las autoridades locales, enfocarse en lo que hace bien y desde ahí recuperar la confianza. Una de esas cosas puede ser coordinar comunicaciones entre distintos actores a nivel global, regional o local.(…) La OMS debería delegar más funciones a las comunidades locales y dar más participación a los actores locales. Sería un enfoque bottom-up”.

Como contrapunto, Malcorra aclaró que “las reformas [solo] pueden ir tan lejos como los Estados Miembros quieran que vayan” y ejemplificó: “la OMS intentó declarar la pandemia un par de semanas antes de que finalmente lo lograra pero hubo un sistemático rechazo de algunos de los Estados Miembros para que esto no sucediera”. En este sentido indicó que “si no hay un empoderamiento real y no hay un reconocimiento de los Estados Miembros de cuál es su responsabilidad hacia el colectivo del mundo en temas de enfermedades no hay ninguna posibilidad real de cambio y ese es el problema de fondo con la OMS”.

La respuesta de la Unión Europea y el MERCOSUR al Covid-19

Desde el punto de vista europeo, Ricardo Alonso García destacó el fracaso de la Unión Europea (UE) tanto a nivel nacional, global como internacional en términos de previsión de la pandemia e ilustró: “la UE cuenta con un Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades -con un personal de apoyo nada desdeñable de 300 personas- que tres días antes de la propagación en Italia, emitió un informe público en el que decía que el riesgo de pandemia era muy bajo en Europa”.

Por otra parte, Alonso García hizo referencia a la complejidad para accionar frente a esta crisis: “La UE actúa presidida por el principio de atribución de competencias. No es un macroestado, sino que es una organización supranacional pero en aquellos ámbitos en los que los Estados han querido ceder competencias”. Es así que “en materia de salud pública, la competencia de la UE es muy débil, se limita a apoyar, a completar, a ayudar a los Estados miembros en el ejercicio de esa competencia propia. Por eso es una competencia de naturaleza residual”.

Pero la crisis, indica el académico español, no es solo sanitaria sino también económica y social, afecta al turismo, el mercado interior, la libre circulación, el transporte, y una serie de ámbitos y políticas que, en algunos casos, son una política exclusiva de los Estados Miembros, en otros casos una política de los Estados con participación de la UE, y otros, exclusivo de la UE. En este contexto complejo hoy “la UE está en un segundo plano, emitiendo recomendaciones y directrices a los Estados Miembros que van a ser los que, a través de decisiones soberanas, van a ir marcando la política nacional”. Pero destacó que “la UE va a desempeñar un rol crucial en el futuro (…) que es la tremenda crisis económica y social de la que no vamos a escapar”.

“Creo que la UE aprendió la lección del año 2008. En ese año la UE afrontó la crisis en términos de un ‘austericidio’”, indicó el catedrático español. Y agregó: “De eso ha aprendido y los signos que está mandando a los Estados Miembros es que no va a afrontar la crisis como en 2008, que va a dar mucho margen a los Estados a través de distintos fondos para utilizarlos de una manera no tan austera para permitir la recuperación de la economía productiva yla cohesión social”.

Por su parte, Alejandro Perotti, a cargo de la mirada sudamericana, destacó la declaración de los presidentes del Mercosur sobre los efectos del Covid-19 en marzo pasado, que permitió una coordinación regional para facilitar la repatriación de personas, los servicios y mercaderías para el cuidado de la salud, la baja de aranceles en insumos para paliar el Covid-19, el intercambio de información sobre medidas adoptadas en materia comercial y económica, entre otras. Asimismo, destacó que «desde el punto de vista institucional, la pandemia mucho no ha afectado a los órganos del Mercosur, que continúan sus reuniones por videoconferencia».

Sin embargo, el profesor Perotti hizo referencia al contexto ‘macro Mercosur’: “La crisis del Mercosur no es provocada por la pandemia. La pandemia acentúa la crisis que tiene el Mercosur”. Y agregó que “existe una marcada descoordinación entre las políticas sanitarias adoptadas por cada uno de los países” y añadió, en una velada crítica al Brasil, que “el fracaso de los vecinos puede llevar al resto al fracaso (…) [porque] es imposible tabicar las fronteras entre los países”.

Perotti también observó que “el Mercosur es un proceso de integración, a diferencia del europeo, marcadamente intergubernamental; donde el poder que tienen los presidentes es superlativo, por lo que la falta de comunicación entre presidentes hace peligrar la continuidad del proceso de integración”. Es por esto que “exigirle al Mercosur medidas más profundas para combatir la crisis requiere que nos pongamos de acuerdo en si los Estados quieren dotar a la institucionalidad del Mercosur de más autonomía, poder y acción; algo que las autoridades, a veces, no aceptan de buena gana”.

Para concluir, el profesor de la Austral indicó que “si queremos medidas de mayor peso específico regional, los países deben estar dispuestos a dotar al Mercosur de cierta autonomía y poder de decisión” y agregó que “los problemas transfronterizos requieren, inexorablemente, soluciones transfronterizas. (…) Y si queremos profundizar la integración, necesariamente tenemos que recomponer la relación entre Argentina y Brasil, que es el corazón del Mercosur”.

 

«Un momento refundacional»

En el último bloque del encuentro, los cuatro panelistas respondieron preguntas del público y de los moderadores. El profesor Ignacio de Casas planteó que “en los últimos años se ha ido acentuando el debate en torno a la globalización versus la necesidad por parte de los estados de reforzar su soberanía en diversas áreas. Por otra parte, hay una marcada tensión entre China y Estados Unidos que afecta al funcionamiento y la misión de las organizaciones internacionales, ante lo que nos preguntamos si pueden realmente cumplir su función sin el apoyo (e incluso con el rechazo) de las grandes potencias. ¿Alcanzará con reformas instrumentales o en realidad vamos hacia un cambio de paradigma?”

Malcorra tomó la palabra y afirmó concluyente: “Yo no creo en reformas menores. Yo definitivamente creo que estamos en un momento refundacional. Y creo que ese momento refundacional tiene altísimo riesgo, lo que tenemos delante nuestro es una divisoria de aguas: pareciera ser que la pandemia refuerza el concepto de la necesidad de la cooperación y del trabajo coordinado. Sin embargo, estamos viendo una reacción por parte de muchos que apunta a un mayor proteccionismo, a una mayor visión hacia adentro, a un mayor autoritarismo, que obviamente se contrapone con una concepción de un modelo de gobernanza basado en el respeto y en la solidaridad. (…). En este momento, a nivel de los estados hay mucha visión de proteccionismo, por parte de los ciudadanos, alentada por grupos de extrema derecha en términos generales, que nos lleva a una visión de fronteras hacia adentro, de sobrevivimos nosotros (…) y lo vemos en EEUU, en países de Europa, América latina y países de Asia. Esta prevalencia, que aparte tiene la gran ventaja del temor que genera la pandemia para poder ir más allá en la limitación de los derechos, hace que para mí haya un momento de gran verdad hacia delante, es decir, si vamos a ir a un modelo que efectivamente refuerce y refunde la cooperación o a un modelo de mayor aislacionismo. No cabe duda qué es lo que yo creo: yo creo que hay que ir al primer modelo, pero no estoy segura de que esto vaya a ser así, y lo que me preocupa es que se tome por la segunda ruta, que prevalezca la visión aislacionista. Ha quedado demostrado en la historia reciente del siglo XX que ella nos conduce a situaciones realmente negativas. Entonces, para mí, ése es el momento que estamos viviendo”.