En el día de hoy, sábado 11 de mayo de 2019, se conmemoran los 206 años de nuestro Himno Nacional Argentino, que obtuviera su carácter de oficial el 11 de mayo de 1813, en el contexto de las más contundentes victorias de la Guerra de Independencia. El mismo fue escrito por Vicente López y Planes en 1812 y compuesto, un año más tarde, por Blas Parera.

Se estrenó en noviembre de 1812, en los salones del Consulado. Y en la fecha que hoy se celebra la obra fue aprobada por la Asamblea General Constituyente, ordenándose la obligatoriedad de su canto en los actos públicos para “inspirar el inestimable carácter nacional”.

Además del carácter histórico que tiene esta fecha, lo cierto es que la reivindicación de los símbolos patrios y la recuperación de su significado son parte fundacional de la identidad nacional que en su joven bicentenario tiene todos los elementos constitutivos necesarios pero, a la luz de la coyuntura actual en la que la sociedad argentina está atravesada por una crisis no sólo económica sino institucional, clama por su propia edificación para definir los destinos de toda la comunidad de cara a un futuro que aún hoy resulta incierto.

Para contextualizar esta fecha, es crucial relatar brevemente la historia del Himno Nacional Argentino. Ésta se remonta a 1812 y más precisamente, se trata de lo que ocurrió la noche del 24 de mayo de ese año. En esa oportunidad, se representaba en la Casa de Comedia, frente a la Iglesia de la Merced, el melodrama de Ambrosio Morantes titulado El 25 de Mayo, con música de Blas Parera.

Como parte de la representación, se veía al pueblo en la plaza cantando un himno a la libertad. Vicente López y Planes, espectador en la velada teatral, se sintió motivado y compuso algunas estrofas. Pero no fue el único impactado por la presentación teatral. También, motivó a la Asamblea Nacional Constituyente, la que luego oficiara al Cabildo sobre la conveniencia de contar con una marcha patriótica, para ser entonada en escuelas y espectáculos públicos.

“Soldados, debemos vencer al enemigo interno y al enemigo externo y la América del Sur será el templo de la libertad y la independencia”, dijo el General Juan Manuel Belgrano en ocasión de tomar jura de la bandera blanca y celeste que recién fuera creada en 1812. Y para ello, también pensó en la necesidad de que el ejército fuese acompañado de una música que fuera fuente de inspiración para la lucha por la defensa de la Patria que empezaba a nacer.

Entonces así, casi como una conjunción mágica de voluntades todas dispuestas en torno a la creación de un emblema musical que fuese representación de nuestra identidad y un grito colectivo de un pueblo que despertaba a la libertad, nace nuestro Himno Nacional Argentino, que en su versión final reza de la siguiente manera para nunca olvidar lo que significa ser argentinos:

“¡Oíd, mortales!, el grito sagrado:

¡libertad!, ¡libertad!, ¡libertad!

Oíd el ruido de rotas cadenas

ved en trono a la noble igualdad.

Ya su trono dignísimo abrieron

las Provincias Unidas del Sud!

Y los libres del mundo responden:

¡Al gran Pueblo Argentino salud!

¡Al gran Pueblo Argentino salud!

Coro

Sean eternos los laureles

que supimos conseguir:

coronados de gloria vivamos,

o juremos con gloria morir”.

Por Romina Rocha.

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